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Con sólo 5 años, Florencia Niewiarowicz Dieminger ya se destacaba y sabía que su destino estaba en ser la representante de sus ancestros. De pequeña representó a la colectividad rusa-belarusa como princesita, luego integró el ballet y en mayo de este año se calzó la corona de reina de la colectividad.
El viernes de madrugada, con 22 años, alcanzó el máximo galardón al coronarse como reina nacional del inmigrante.
La soberana de los rusos obtuvo la doble corona de la 38ª edición. Es que, además de convencer al jurado, fue elegida por los lectores de El Territorio como reina virtual del inmigrante.
Sus princesas son Estefani Gemmink Oppermann (Suiza) y Flavia Pamela Aquino (Paraguay). La colectividad suiza también celebró el premio a mejor traje típico y miss amistad fue para Agustina Aymara Goncalvez, de la colectividad portuguesa.
A primera hora, se eligieron los principitos y quedaron seleccionados los pequeños de la casa brasileña, Joaquín Carlsson y Morena Pomata, mientras que los reyes mayores son de la casa alemana: Manuel Eichler y Elsa Grudke.

Formada para reina
Para llegar a ser reina, la pequeña Florencia se fue formando y transformando en el seno de la colectividad rusa.
Ingresó casi como un juego, siguiendo la tradición familiar en compañía de su abuelo José Niewiarowicz, uno de los fundadores de la colectividad. Llegó a ser princesita con tan solo 5 años. Fue allí cuando se subió por primera vez al escenario mayor de la fiesta con una pequeña corona.
De adolescente, con 13 años, volvió a escenario mayor de la mano del ballet de su colectividad, impulsada por su mamá Dora. En mayo de este año, sintió que estaba lista para ser reina y se alzó con el centro. Su belleza y su formación -es estudiante avanzada de Ciencias Económicas- la llevaron el viernes por la noche a alcanzar la corona de reina nacional del inmigrante. Antes de la coronación mayor, ya se había calzado la corona de la gente, al imponerse al concurso virtual de El Territorio con 17,77 por ciento de los votos.
Los nervios se notaban en sus manos, que no paraban de temblar. Y su corazón empezó a palpitar cada vez más fuerte cuando su nombre no estaba entre la segunda y primera princesa. Llegó el momento soñado, el que anunció su nombre como nueva soberana.
En ese momento, pasaron por su mente aquellos años de juegos en el viejo polideportivo Ian Barney, donde nació la fiesta. También cuando acompañó a su abuelo José y su padre en la construcción de la casa típica en el Parque de las Naciones, así como su formación en el ballet, que el viernes por la madrugada la alentaba desde la tribuna.
Pasaron once años para que Rusia vuelva a festejar y rompa el maleficio que parecía difícil de cortar. La última vez había sido con María Alejandra Kategora, quien en el 2006 también se había alzado con la doble corona.

Sus primeras palabras
“Estoy muy emocionada, es una noche increíble, quiero agradecer a mi colectividad por poder representarlos a ellos, a toda la fiesta por darme la posibilidad de representarlos. Voy a redoblar mis esfuerzos para representar a todas las colectividades. También agradecer a mi familia por el apoyo de siempre”, fueron las primeras palabras de una emocionada Florencia.
“Tuve la suerte de que mi abuelo, junto con mi mamá, fueron los fundadores de la colectividad rusa, así que desde muy chica viví la fiesta y llegar a este lugar es algo increíble”, recordó en los primeros minutos de su reinado.
Sobre la elección de la gente como reina virtual, Florencia dijo: “Estoy muy feliz por el acompañamiento de la gente, venían me saludaban, me daban su aliento, y quiero agradecer a cada uno de los que me votaron por mí y los voy a representar de la mejor manera”.
Por último, dijo: “A cada lugar donde tengamos que ir voy a representar a la fiesta y a Oberá para que cada vez más gente nos visite y conozca esta fiesta que es hermosa. Y a la gente le pido que cada uno intente buscar los orígenes de su familia y así también va a ser una forma de acercarse a la fiesta”.

Cuatro reinas en 30 años de actividades

La colectividad rusa cumple 30 años dentro de la Fiesta Nacional del Inmigrante. En 1987, cuando participó por primera vez, ganó el cetro mayor -en aquella época era fiesta provincial-, de la mano de Raquel Baraz, su primera reina.
En 1991, Tamara Serdiuk volvió a consagrarse, pero ya como reina nacional.
En el 2006, María Alejandra Kategora se había alzado con la doble corona, virtual y nacional.
Pasaron once años para que Rusia vuelva a festejar y fue de la mano de Florencia, que también logró la doble corona.

El primer día como soberana
El primer día como reina nacional del inmigrante, Florencia Niewiarowicz Dieminger casi no tuvo descanso.
Ni bien terminó la ceremonia de premiación, la hinchada de la colectividad rusa la subió a un carro y la hizo desfilar por el parque para terminar festejando en la casa típica hasta bien entrada la madrugada.
“Estamos felices, dichosos, y agradecidos a todo. Florencia se lo merecía. Su belleza exterior es similar a su belleza interior. Estamos felices por ella y por su familia que tanto hicieron por la colectividad”, sostuvo Ana Mazeleski, presidente de la colectividad rusa.
Luego de dormir un par de horas, comenzó a atender los llamados de las radios de Oberá y de toda la provincia que querían tener su palabra. Al mediodía tuvo que cumplir con el primer compromiso oficial como reina: almorzar en la casa argentina y despedir a las reinas de las distintas fiestas nacionales que llegaron a Oberá.
Además se dedicó a contestar cada uno de los mensajes que recibió y a abrir los regalos que le había entregado por ser la nueva soberana de los inmigrantes.
“Hoy no dormí casi nada. A la mañana temprano me puse contestar mensajes, ver los videos de anoche y empecé a caer en lo que logré. Quiero agradecer los regalos que me hicieron, todavía no los pude abrir a todos”, dijo a El Territorio.
Al recordar su coronación, señaló: “Me temblaba hasta el alma. Fue muy peleada, me llegaban comentarios y había como cinco o seis favoritas. Cuando no escuchás tu nombre entre las princesas el corazón te late más fuerte y sabés que todo puede pasar. Cuando escuchás tu nombre como reina es algo único e inexplicable y empieza otra vida, dejás de ser la reina de tu colectividad y pasar a representar a toda la fiesta”.
Anoche, Florencia volvió al Parque de las Naciones y tuvo su primera noche como reina, eso que soñó cuando tenía 5 años y jugaba a llevar la corona.

Por Pablo Lizarraga
sociedad@elterritorio.com.ar

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