Cargando noticia...

TITULARES Masacre de Oberá: verdades incómodas sobre la rebelión de productores en 1836 8M: Reconocimiento a Mujeres de las Colectividades Oficializaron la primera lista del PJ Misiones encabezada por Juan Carlos Ríos Vuelta a clases: los números de la educación en Misiones “Maravilla” Martínez deleitó a la comunidad en Dos de Mayo: “Cada chico en un gimnasio es uno menos en la calle” El Concejo Deliberante de Oberá inauguró el L Período de Sesiones Ordinarias El Ian Barney recibirá una gran jornada de boxeo fiscalizada por la FAB Impulso Local dará inicio a su cronograma 2026 el próximo jueves 5 de marzo Gran participación en la 33° edición del Gran Prix Nocturno El Municipio llama a licitación para la concesión de espacios gastronómicos en el Jardín de los Pájaros y el Salto Berrondo El mejor asador del verano 2026 es de Guaraní Pablo Hassan abrió sesiones con fuerte eje financiero: “Sostenemos el superávit, tenemos las tasas más bajas y seguimos haciendo obras” Los Ahora Misiones baten récord histórico: movilizaron $160.945 millones y se consolidan como el gran motor del consumo provincial La Colectividad Rusa Belarusa de Misiones invita a vivir una noche especial en el marco del Día Internacional de la Mujer. Comienza a moverse la Liga Regional Obereña y en marzo rodará la pelota ARCA endurece el control del monotributo y golpea de lleno a los contribuyentes El domingo 1 de marzo se realizará la Apertura del L Período de Sesiones del Concejo Deliberante Todo listo para el XXXIII Gran Prix Nocturno en Oberá Música y emprendedores en la XXV Fiesta del Verano Red Maker Oberá abrió las preinscripciones para sus propuestas 2026

Menú

Búsqueda

La Region

Masacre de Oberá: verdades incómodas sobre la rebelión de productores en 1836

Seguinos en Google Noticias Seguinos en Google Noticias En marzo de 1936, Oberá era apenas un pueblo juvenil de nueve años de existencia, un enclave de inmigrantes europeos que habían llegado con el «sueño agrícola» a cuestas, solo para chocar con un muro de miseria y violencia estatal. Lo que debía ser un refugio de […]

📅 15/03/26 | 🕒 Lectura: 6 min
Masacre de Oberá: verdades incómodas sobre la rebelión de productores en 1836

En marzo de 1936, Oberá era apenas un pueblo juvenil de nueve años de existencia, un enclave de inmigrantes europeos que habían llegado con el «sueño agrícola» a cuestas, solo para chocar con un muro de miseria y violencia estatal. Lo que debía ser un refugio de dignidad se convirtió en el escenario de una carnicería que hoy nos obliga a preguntarnos: ¿cuánto de ese «brillo» fue forjado sobre la sangre de quienes solo pedían pan y justicia?

 

En la profundidad de la selva misionera, el nombre “Oberá” resuena con una ironía dolorosa: en lengua guaraní, significa “el que brilla”. Sin embargo, la luz de este nombre proyecta una sombra que la historia oficial intentó ocultar bajo el cemento del progreso. En marzo de 1936, Oberá era apenas un pueblo juvenil de nueve años de existencia, un enclave de inmigrantes europeos que habían llegado con el “sueño agrícola” a cuestas, solo para chocar con un muro de miseria y violencia estatal. Lo que debía ser un refugio de dignidad se convirtió en el escenario de una carnicería que hoy nos obliga a preguntarnos: ¿cuánto de ese “brillo” fue forjado sobre la sangre de quienes solo pedían pan y justicia?

La construcción del “Enemigo Ruso”: El mito del ataque comunista

Para que el Estado pueda ejercer una violencia desmedida, primero debe deshumanizar a su víctima. En 1936, el gobierno de la Concordancia y la policía de Misiones perfeccionaron esta técnica. Lo que nació como un reclamo laboral legítimo por el precio del tabaco fue rápidamente etiquetado como una “invasión de inmigrantes rusos y comunistas”. Bajo el paraguas represivo de la “Sección Especial” —creada a nivel nacional para perseguir ideologías extranjeras—, la diversidad étnica de la colonia (suecos, finlandeses, polacos, daneses y alemanes) fue asimilada bajo el estigma del “Ruso” para justificar el castigo.
Pero hubo una etiqueta aún más insidiosa: la de “Intrusos”. El Estado no solo los llamó agitadores, sino que los categorizó legalmente como ocupantes ilegales de tierras fiscales para facilitar sus desalojos y despojos. El terreno estaba preparado: si eran intrusos y eran comunistas, la bala era la única respuesta oficial.
“El hecho fue oficialmente calificado como un ataque a la ciudad de Oberá, realizado por inmigrantes, calificados como «rusos» y «comunistas».”

La paradoja del impuesto: Yerba mate cara, colonos descalzos

La economía de 1936 era un engranaje de asfixia. Mientras la sequía devoraba los tabacales, la recién creada Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM) impuso una medida contraintuitiva: un impuesto de cuatro pesos por cada nueva planta de yerba mate, prohibiendo nuevas plantaciones para beneficiar a los grandes intereses. En este contexto de superproducción y hambre, la estadística se volvía carne en el relato de Vladimiro Lasciuk.
Él recordaba cómo su padre, tras vender diez kilos de maíz y poroto, regresó sin las alpargatas prometidas porque el dinero apenas alcanzó para cinco litros de kerosene. La matemática de la miseria era implacable: un par de alpargatas costaba 80 centavos, mientras que el pollo “más lindo” valía 50. Un colono debía vender más de un pollo y medio para calzar a un solo hijo. Por eso, los niños caminaban cinco kilómetros descalzos por el barro de las picadas para llegar a la escuela, mientras los impuestos de la CRYM seguían engrosando las arcas estatales.

Leandro Berón: El ascenso político a través de la traición

La figura de Leandro Berón representa el triunfo de la delación sobre la camaradería. Su ascenso no fue casual; fue una carrera construida sobre la deslealtad. Entre 1930 y 1933, Berón se infiltró en las filas de los radicales que resistían a la dictadura de Uriburu, ganándose la confianza de hombres como Lucas Torres para luego entregarlos. Esa “eficacia” represiva fue lo que le valió el cargo de Comisario local en 1936. Para el gobernador Carlos Acuña, Berón era un funcionario de “brillo y capacidad” que merecía el ascenso a la Jefatura de Policía; para los colonos, era el verdugo que comandó la emboscada contra quienes alguna vez lo llamaron “compañero”.
“Para nosotros… aquella deslealtad del compañero fue funesta. Para el gobierno triunfante, en cambio, fue una lealtad fructífera… le valió para llegar a la Jefatura de la Policía.”

“Quieta non movere”: La prensa como cómplice del olvido

Tras la matanza, se activó un pacto de silencio bajo la premisa latina Quieta non movere: no mover lo que está quieto. La prensa local, lejos de investigar, actuó como el perro guardián del olvido. En 1938, el periódico Oberá lanzó un ataque furibundo contra quienes intentaron conmemorar la masacre. El editorial no solo defendió a la policía, sino que ensalzó a los vecinos colaboradores —comerciantes “honestos”— que se unieron a la represión.
El periódico amenazó explícitamente a cualquier cronista que osara despertar la memoria, advirtiendo que actuaría como un “Tábano” listo para picar y hostigar a quien rompiera el silencio. Este mandato de censura social fue tan efectivo que los hechos permanecieron enterrados para la historiografía oficial hasta bien entrado el siglo XXI.

 

Basilicia Zaviski: El rostro de la brutalidad invisible

La asimetría de aquel 15 de marzo desmiente cualquier teoría de “enfrentamiento”. De un lado, la policía y civiles armados con fusiles y pistolas; del otro, colonos que llegaban esgrimiendo palos y ramas de los montes. El resultado fue una carnicería unidireccional: ni una sola baja entre las fuerzas represivas.
Entre las víctimas cayeron Nicolás Oyempamchuk, Nicolás Holiferchuk y Juan Melnik —quien ni siquiera participaba de la protesta—. Pero el nombre que más duele es el de Basilicia Zaviski, de tan solo 14 años. Su muerte simboliza la brutalidad de una fuerza policial que, según el testimonio de Alberto Bondarenko, actuaba bajo los efectos del alcohol, cometiendo violaciones y abusos contra las jóvenes colonas. “Chicas estropeadas que no podían caminar”, relata el cronista, describiendo una degradación humana que el “brillo” de Oberá prefirió ignorar por décadas.

Caminar recordando

Hoy, al cumplirse 90 años de aquel horror, la memoria ha comenzado a reclamar su lugar en la plaza Malvinas, allí donde antes funcionaba el cementerio y hoy se levanta un mural evocativo. Actividades como la caminata histórica “Caminar Recordando” demuestran que la identidad de Misiones no puede sostenerse solo sobre el mito del colono exitoso y agradecido; debe integrar también la historia de sus mártires rurales. Reconocer la Masacre de Oberá es un acto de justicia hacia la dignidad de quienes, empujados por el hambre, se atrevieron a desafiar al poder.
Pregunta final: ¿Cuántas otras historias de dignidad y lucha permanecen aún bajo el mandato del “Quieta non movere” en los rincones olvidados de nuestra geografía?

En Video:

Lectura recomendable