Luis López, oriundo de Oberá y a punto de graduarse como ingeniero espacial, relató su participación en el desarrollo del satélite Atenea. El proyecto de la CONAE fue uno de los cuatro seleccionados por la NASA para una misión tripulada gracias a sus altos estándares de seguridad.
Luis López, un joven ingeniero de 29 años nacido en Oberá, formó parte del equipo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) que desarrolló el satélite Atenea. Este dispositivo argentino viajó al espacio como parte de la histórica misión Artemis II de la NASA. López, quien trabaja en la agencia espacial argentina, participó en el proyecto desde sus inicios a principios de 2024.
El ingeniero explicó su involucramiento en todas las fases del desarrollo. “Estuve ahí desde el comienzo. Entonces, fue desde el concepto, desde el diseño. El año pasado fue el año más pesado, fue la integración de todas las partes. Y ahora bueno, la campaña de lanzamiento. Estuve desde el principio hasta el final. Cumpliendo distintos roles, pero estuve desde que arrancó hasta que terminó”, afirmó.
El satélite argentino se integró a la misión Artemis II después de un competitivo proceso de selección. Argentina, como firmante de los acuerdos Artemis, respondió a una convocatoria de la NASA para incluir pequeños satélites, conocidos como CubeSats, en su misión tripulada. López puntualizó que los exigentes requisitos de seguridad fueron determinantes.
Sobre el proceso, el ingeniero detalló: “Muchos países se presentaron, pero los únicos cuatro que llegaron en tiempo y cumpliendo todos los requerimientos que pedía NASA, porque no olvidemos que esto es una misión tripulada, o sea, al haber personas, los requerimientos que nos pedían de seguridad eran muy muy muy pesados. Bueno, y los únicos cuatro que llegamos fueron Argentina, Arabia Saudita, Corea del Sur y Alemania”.
Un hito tecnológico
La misión principal de Atenea consistió en una prueba tecnológica en el espacio profundo. Aunque no llegó a la Luna, el satélite alcanzó una distancia récord para un objeto argentino y estableció una nueva marca en comunicación espacial. El CubeSat fue liberado a 40.000 kilómetros de altura y alcanzó un apogeo de 72.000 kilómetros.
López consideró que el solo hecho de mantener la comunicación a esa distancia representó un éxito. “El solo hecho de habernos podido comunicar todo este tiempo ya fue un hito, fue primero el de los objetos argentino que llegó más lejos en la historia y la comunicación más lejana en la historia. Entonces, el haber validado el sistema de comunicación ya fue un hito en sí mismo”, sostuvo. Además, agregó que la información recolectada permite validar múltiples sistemas, como la computadora a bordo y experimentos con receptores de GPS y mediciones de radiación. “La idea es una prueba tecnológica y que los componentes ganen herencia de vuelo, se llama, que permitan que puedan ser usados en misiones posteriores”, añadió.
La misión de Atenea fue breve pero intensa, tal como estaba planificada. El satélite permaneció en órbita durante 25 horas antes de reingresar a la atmósfera terrestre. “La órbita a la que nos dejaron termina en Tierra. Si uno no hacía maniobras con propulsión para elevar la órbita nos caíamos a la Tierra y bueno, nosotros no teníamos propulsión. Entonces, sabíamos que a las 25 horas nos íbamos a caer”, explicó López. El reingreso se produjo sobre el Océano Pacífico, donde se desintegró. “Por eso era tan importante y tan preciado esas horas en las que estuvimos vivos de bajar la mayor cantidad de información posible”, concluyó.
De Oberá a la CONAE
El proyecto Atenea fue un esfuerzo colaborativo netamente argentino. Fue liderado por la CONAE, pero contó con la participación de la Universidad de La Plata, la Universidad de San Martín, la Facultad de Ingeniería de la UBA, la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Instituto Argentino de Radioastronomía y la empresa público-privada Veng.
En cuanto a su trayectoria personal, Luis López relató su camino desde Misiones hasta convertirse en un profesional del sector espacial. “Tengo 29, soy de Oberá. Hice la secundaria en la EPET número 3, la técnica. Después empecé a estudiar Ingeniería Civil en la Facultad de Ingeniería de Oberá. Estudié 2 años ahí y bueno, después me di cuenta que no era lo mío”, recordó. Su búsqueda lo llevó a la carrera de Ingeniería Espacial en la Universidad Nacional de San Martín. “Justo se da también mi hermana es médica, estaba por empezar la residencia en Buenos Aires, entonces me fui a vivir con ella y como que se dio un poco todo. Y ya hace 9 años que me vine a Buenos Aires”, comentó.
Con su graduación a la vista, López planea continuar su carrera en la CONAE, donde podría sumarse a otros proyectos como el satélite SAOCOM. Además, destacó que la puerta para futuras colaboraciones con la NASA permanece abierta. “Esto viene para largo y hay muchas chances de que se pueda repetir esto, así que nada, también estamos muy entusiasmados con eso”, finalizó.


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