Boca estuvo justamente a la altura del partido, de lo que se jugaba y de lo que necesita. Y terminó ganando una verdadera final en un escenario complicado.
Porque este triunfo por 1-0 ante Always Ready, allí donde no vencieron ni Corinthians (cayó 2-0) ni Cali (empató 2-2), lo ponen otra vez en carrera por el sueño de la Séptima: quedó segundo en el grupo con seis puntos, en zona de clasificación y con dos partidos de local por jugar (justamente contra el Timao y los colombianos, que este miércoles empataron entre sí). Ah, y todo con Riquelme presente y Battaglia a salvo. Mejor, imposible.
Boca tuvo un buen arranque en particular y un buen primer tiempo, en general. Enseguida dio la talla. Primero, porque se hizo protagonista, combatiendo también esa teoría de que en la altura primero se espera, luego se piensa y después se ejecuta. Pues bien, el equipo de Battaglia pareció más local que su rival, incluso más aclimatado. Y de a poco, se fue animando, se fue sacando ese freno de mano lógico, fue perdiendo esa precaución que viene por default cuando se juega en La Paz.
Always Ready, es cierto, lo dejó crecer. Adoptó una estrategia extraña, porque en ningún momento lo asfixió ni lo presionó, nunca le hizo sentir esa sensación de ahogo que provoca la altitud. Entonces, Boca jugó cómodo. Manejó la pelota, el tiempo, los espacios. Y fue buscando la forma de lastimar. Y en efecto, lo hizo.

