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Sociedad

“Es un milagro de Dios: me fui y acá estoy de vuelta”


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Lucía Cabral (73) había ingresado grave hace dos semanas y fue declarada muerta, pero revivió, mejoró y ayer recibió el alta.

“El único mensaje que tengo es que la gente se dé cuenta de que Dios existe y sin su poder no somos nada y con él somos todo, yo puedo dar testimonio porque me fui y acá estoy de vuelta, sentada en esta silla gozosa de felicidad”, fueron las palabras de Lucía Cabral (73), al salir ayer del Hospital Madariaga, donde estuvo internada por poco más de dos semanas.

Lucía ingresó de urgencia al hospital el miércoles 2 por su deteriorado estado de salud y por la noche fue declarada muerta. La desconectaron del respirador y después de un tiempo, cuando estaban por meterla en la bolsa para trasladarla a la morgue, sorpresivamente empezó a mover sus extremidades y se constató que tenía signos vitales, aunque muy débiles. Desde ese día empezó a mejorar considerablemente.

Algunos profesionales consideraron que se trató de una falencia en el examen físico que derivó en un diagnóstico de muerte erróneo. Sin embargo, tanto para Lucía como para la mayoría de los miembros de su familia se trató de un milagro.

Lo cierto es que si bien salió en una silla de ruedas, Lucía subió caminando al auto de su yerno que la estaba esperando para trasladarla a su casa y en todo momento de su charla con El Territorio se mantuvo serena, con un ánimo inquebrantable, y fueron los que la rodeaban quienes derramaron lágrimas de emoción.

Agradeció de todo corazón a quienes estuvieron pendientes tantos días de su salud pero confesó que no se acuerda de nada de lo ocurrido ese día, todo lo que sabe es por lo que le contaron sus hijos y los médicos de terapia intensiva.

“Me siento muy bien porque por lo que ellos me contaron, para mí esto es un milagro de Dios. La verdad que no pensaba volver más y acá estoy”, admitió la mujer.

A tan pocos días de la llegada de la Navidad, el milagro de Lucía añade fe y esperanza en este año que golpeó negativamente a muchas personas que la pasaron mal a raíz del coronavirus y todo lo que eso trajo aparejado. Su historia generó empatía y su alta contagió de alegría a quienes estaban interesados en su mejoría.

Lucía cumplirá 74 años el miércoles 23 -no 76 como se había dicho al principio- y como le gusta celebrar la vida, ya dentro del hospital estaba organizando su fiesta y hasta invitó a algunas de las enfermeras a que la acompañen porque habían sido muy atentas con ella.

En ese marco, no dejó pasar la oportunidad de agradecer a los profesionales de la salud que la trataron: “No me puedo quejar porque todos me atendieron muy bien, médicos, enfermeros; hasta me bañaron”

Otro motivo que la tenía ilusionada era volver a ver a toda su familia. Lucía tiene diez hijos, 35 nietos y 30 bisnietos. Con todos los cuidados que son necesarios frente a una persona en su situación, las fiestas de fin de año las pasará alejada de las camas del nosocomio y rodeada de sus afectos.

“Por ahora este año vamos a estar todos juntos. Tengo para agradecer a Dios esta vida, estar de vuelta acá con mis hijos y mis nietos. Somos un montón”, compartió Lucía.

Una de las personas que más la acompañó en todo este tiempo fue Carolina Quian, su hija, quien expresó, visiblemente emocionada: “Le digo a la gente que honre a sus padres, es el primer mandamiento con promesa de Dios para que nos vaya bien y tengamos larga vida en la tierra”.

Mientras que uno de sus nietos, Nazareno Gabriel Quian, aseguró: “Una vez más Dios nos muestra lo grandioso que es en nuestra vida y nos ilumina con un regalo en esta Navidad que es la vida de nuestra abuela”.

Lucía vive en Candelaria, pero por un tiempo se quedará en la casa de Carolina para estar bien acompañada. Almorzó tranquila y luego se acostó a dormir la siesta. Un nuevo nacimiento para ella, una nueva oportunidad para compartir con los suyos.

fuente:elterritorio

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