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Sociedad

Sixto Fariña recuperó la cámara, pero Parques Nacionales le borró las fotos


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Le devolvieron su herramienta de trabajo, aunque previamente eliminaron todas las imágenes. Advierten sobre un ataque a la propiedad privada y la libertad de expresión

uego de dos días de incertidumbre, desasosiego y ante el enorme rechazo de la sociedad, las autoridades de parques nacionales decidieron devolverle en el mediodía de ayer la cámara de fotos y las memorias al fotógrafo de El Territorio Sixto Fariña. Más allá del alivio por recuperar sus equipos de trabajo, el drama no terminó allí. Al recibir el material tecnológico, el trabajador de la imagen se llevó una gran sorpresa al revisar sus memorias y encontrar que habían sido borradas todas las fotografías, algo totalmente ilegal y que ningún funcionario de parques nacionales tiene autoridad para hacer.

“Me devolvieron la cámara y me hicieron un acta de infracción, que firme en disconformidad. Cuando me dieron la cámara y las memorias me encontré con que borraron todo mi material, la verdad es que llevo 46 años de trabajo y nunca me pasó esto”, señaló Fariña entre lágrimas minutos después de recuperar su equipo entre los que se encontraban tres memorias, una cámara Nikon profesional y un teleobjetivo de 70-200 milímetros.

“Desde que me sacaron la cámara el viernes a las 13 me sentí impotente porque no podía entender la situación, que me saquen la cámara y me borren la memoria en mi propia provincia, ni la policía me hizo eso nunca. Me quedé 10 horas ahí, pero nadie me dio una respuesta. Por suerte mucha gente me llamó para darme su apoyo y se movilizaron para ver que se podía hacer”, resaltó y agradeció “a todos en El Territorio, tanto directivos como compañeros de trabajo y a todos los que se movilizaron porque me sirvió para tener esperanza”.

Según explicó Fariña, todo comenzó el mediodía del viernes cuando un reconocido empresario le pidió que fotografíe el área, imágenes que además iban ser utilizadas para ilustrar notas periodísticas de este medio. Una vez allí, mientras paseaba junto a su hijo, Fariña tomó fotos como cualquier visitante y comenzaron los problemas.

“Hice fotos por el pasillo y la Garganta del Diablo y allí me cruzó un fotógrafo del lugar y me dijo que estaba sacando fotos para vender, le dije que se quede tranquilo que no era así”, relató.

“Aparentemente este fotógrafo avisó a la gente de parques nacionales. Cuando salimos hacia la zona del tren, con el grupo que había iniciado el recorrido, me paró un guardaparques, me preguntó qué fotos estaba sacando y le expliqué. Me pidió si tenía un permiso escrito. Sinceramente no sabía que debía tener un permiso, nunca nadie me dijo nada”, precisó.

Más allá de que la obtención de un permiso especial para fotos sea un requisito, los funcionarios de Parques Nacionales no tienen la autoridad para secuestrar un equipo fotográfico y mucho menos quedárselo y no devolverlo, o amenazar con no hacerlo.

Según relató el reportero gráfico, “el guardaparque me dijo que lo tenía que acompañar y le dije que no, que aún me quedaba hacer fotos en el Paseo Superior, estábamos por ir para ese lugar y entonces le di mis datos. Este guardaparque me siguió en el trencito. Me llamó el gerente de la empresa y me dijo que era mejor que entregue la memoria. Le respondí que no iba a entregar ni la memoria ni la cámara. Me dijo que me iban a hacer firmar un acta y que después arreglábamos”.

Pero lo peor estaba por venir, cuando en las oficinas del parque los funcionarios comenzaron a tomarse atribuciones que están lejos de las que les corresponden, como secuestrar elementos.

“Me llevaron a la oficina de guardaparques, me dijeron que tenía dos opciones: o entregaba el equipo o borraba toda la memoria. Les dije que no iba a hacer ninguna de las dos cosas. Así que llamaron a la Policía. Saqué una memoria que borré y la del teléfono y le di. Al rato me llamaron y me dijeron ‘esto está borrado, nos estás tomando el pelo’. Había dejado la cámara apoyada en el escritorio, un guardaparque la agarró y me dijo ‘te la voy a secuestrar’. Me hicieron un acta, yo firmé en disconformidad, pero le dije ‘me quedaré acá hasta que me la devuelvan la cámara’”, agregó Fariña sobre el documento, que lleva la firma del guardaparque nacional Héctor Ball y el guardaparque Aguirre.

Por su parte, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) se solidarizó anoche con Fariña y criticó el accionar de las autoridades del parque.

“Es cuestionable el accionar de los funcionarios, que sin orden judicial alguna, borraron el material y le quitaron durante dos días el equipo de trabajo al fotoperiodista”, señaló la entidad.

Autoritario
El reportero gráfico sufrió las autoritarias y violentas acciones de la administración del Parque Nacional Iguazú (PNI) por estar de paseo con su familia y decidir sacar unas fotos con su equipo profesional. Los guardaparques lo abordaron y hasta le secuestraron la cámara fotográfica, su herramienta de trabajo, en la que además de fotos privadas tenía material tomado para El Territorio, donde se desempeña desde hace décadas.

“En este tiempo mucha gente de Iguazú se acercó a contarme cómo es el manejo de Parques y lo que pasa adentro, cómo se mueven en forma autoritaria. Ahora me voy a juntar con mi abogado y vamos a analizar los pasos a seguir y creo que vamos a hacer todas las presentaciones legales y ante los organismos de prensa de la provincia y el país para que nadie más tenga que pasar por lo que yo pasé”, resaltó Fariña.

Desde hace al menos dos años, por una decisión inentendible, la administración del Parque Nacional Iguazú restringió el acceso al punto de mejor vista de la Garganta del Diablo y sólo se puede acceder allí pagándoles a los fotógrafos autorizados el valor de una fotografía. Una decisión que con el cambio de gobierno nacional no se modificó. Así, la administración del parque, hoy a cargo de Sergio Acosta, monopolizó la mejor vista de la maravilla natural en beneficio de unos pocos.

 

Una resolución delimita el uso del espacio

Dentro del área protegida trabajan fotógrafos que están nucleados en una asociación. Éstos se rigen bajo lo establecido en la Resolución del Directorio de la Administración de Parques Nacionales 231/2011 “Reglamento de Fotógrafos y de Videooperadores Profesionales en Áreas protegidas Nacionales”. Todos los años cada fotógrafo debe renovar su licencia con la presentación de una serie de documentos y abonar el canon anual para poder trabajar. Además, deben presentar antecedentes penales, constancia de contratación de un seguro laboral anual, certificado médico y monotributo. Los fotógrafos venden su producto a los turistas, algunos en el Salto Bosetti y otros en el balcón de Garganta del Diablo, espacio cuestionado por muchos turistas ya que cuentan con un espacio delimitado para evitar que otras personas ocupen el mismo lugar. Con respeto a lo que se conoce como “corralito” en Garganta del Diablo, “surgió por una cuestión organizativa”, explicaron ante la consulta de este medio.

fuente:ELTERRITORIO

 

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