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A 30 años del primer donante de Misiones Padre Carlos Hardoy, SJ: una vida de entrega hasta el final

Carlos Enrique Hardoy nació el 7 de marzo de 1938 en la localidad de Temperley, provincia de Buenos Aires. Fue hijo de Enrique Hardoy y Rosa María Morandi, y el mayor de nueve hermanos: María Teresa, María Rosa, María Mónica, María Estela, María Silvina, María Inés, Gustavo Enrique y Alejandro Enrique. Cursó sus estudios primarios […]

📅 16 de julio de 2026 | 🕒 Lectura: 10 min
A 30 años del primer donante de Misiones Padre Carlos Hardoy, SJ: una vida de entrega hasta el final

Carlos Enrique Hardoy nació el 7 de marzo de 1938 en la localidad de Temperley, provincia de Buenos Aires. Fue hijo de Enrique Hardoy y Rosa María Morandi, y el mayor de nueve hermanos: María Teresa, María Rosa, María Mónica, María Estela, María Silvina, María Inés, Gustavo Enrique y Alejandro Enrique.

Cursó sus estudios primarios y secundarios en la Ciudad de Buenos Aires, donde obtuvo el título de bachiller en el Colegio Manuel Belgrano. Movido por su vocación religiosa, ingresó el 18 de marzo de 1956 al noviciado de la Compañía de Jesús en la provincia de Córdoba.
Su formación jesuítica se desarrolló en distintos centros de estudio de la Orden. En 1958 cursó Literatura y Humanidades en el Colegio de la Sagrada Familia, en Córdoba. Entre 1959 y 1960 realizó su etapa de formación en el Colegio Loyola Padre Hurtado, en Chile. Posteriormente, entre 1961 y 1963, estudió Filosofía en el Colegio Máximo de San José, en San Miguel, provincia de Buenos Aires, institución donde también realizó el Magisterio entre 1964 y 1966. Finalmente, entre 1967 y 1970, completó sus estudios de Teología en ese mismo establecimiento.
El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote en el Colegio Máximo de San José. La ceremonia fue compartida con Jorge Mario Bergoglio, quien décadas más tarde sería elegido Papa Francisco. Al día siguiente celebró su primera misa en la Abadía de San Benito, en el barrio porteño de Belgrano.
El 19 de febrero de 1976 realizó su profesión solemne de los cuatro votos en la Compañía de Jesús, ante el entonces provincial de los jesuitas en Argentina, el Padre Jorge Mario Bergoglio. Con este acto culminó definitivamente su formación como jesuita y renovó su compromiso de consagrar toda su vida al servicio de la Iglesia y de los más necesitados.

Primeros ministerios en Buenos Aires y Corrientes
Durante sus primeros años de sacerdocio perteneció a la comunidad del Colegio Máximo en San Miguel, provincia de Buenos Aires y se desempeñó como profesor en el Colegio del Salvador, en el centro de la Capital Federal. Sin embargo, su ministerio nunca se limitó a las aulas ni a las actividades parroquiales. Fiel a su vocación de servicio, por las noches acostumbraba acercarse a la Plaza del Congreso para encontrarse con personas en situación de calle o con quienes atravesaban momentos de necesidad, compartiendo tiempo, escucha, alimento y ayuda concreta allí donde hiciera falta.
En 1981, a los 43 años dejó Buenos Aires para trasladarse al litoral argentino, iniciando una nueva etapa de profundo compromiso pastoral. Permaneció durante una década en la provincia de Corrientes, donde desarrolló una intensa labor evangelizadora y comunitaria en la Capilla San Pablo y donde fue designado como Director de Cáritas.
Participaba activamente en las multitudinarias peregrinaciones hacia la basílica de Nuestra Señora de Itatí. Fiel a su espíritu servicial, caminaba junto a los peregrinos y se detenía cada cuatro o cinco kilómetros para asistir a quienes desfallecían por el cansancio o necesitaban ayuda. Durante aquellas largas caminatas se protegía del rocío nocturno con una vieja boina de vasco. Esa boina, que siempre descansaba sobre la repisa de su habitación y era la única que poseía, terminó convirtiéndose en uno de los rasgos más recordados de su figura.

La llegada a Misiones y su labor en el monte

A comienzos de abril de 1990, en plena Semana Santa, el Padre Carlos llegó a Misiones para asumir como párroco de los Santos Mártires, en la ciudad de Posadas. Sin embargo, una repentina complicación de salud lo obligó a retirarse temporalmente para su recuperación. Fue así como se integró a la comunidad de Regina Martyrum, en Buenos Aires. Años más tarde, regresó al norte para sumarse a la Diócesis de Puerto Iguazú, guiada por Monseñor Joaquín Piña, SJ. En alguna ocasión, el Padre Carlos había manifestado su deseo de llegar al año 2000 y celebrar una misa en las Cataratas del Iguazú.
Asumió la atención pastoral de diversas comunidades rurales, recorriendo las parroquias de San Antonio, en Colonia Victoria; María Magdalena, en Colonia Mado; y Sagrado Corazón de Jesús, en Puerto Libertad, localidad donde fijó su residencia compartiendo vivienda con el Padre Agustín, de la Congregación del Verbo Divino. En Puerto Libertad también desempeñó el cargo de delegado de comunicación social de la diócesis.
Su vida cotidiana en Misiones era responder a las necesidades que iban surgiendo, organizando sus jornadas en función de las personas que requerían su presencia más que de horarios previamente establecidos. Para él, la misión estaba donde alguien necesitaba consuelo, un sacramento o simplemente ser escuchado.
Monseñor Joaquín Piña recordaba que esa disponibilidad permanente era uno de los rasgos más característicos del Padre Carlos. Solía bromear diciendo que siempre llegaba tarde porque aceptaba varios compromisos al mismo tiempo con tal de no dejar a nadie sin atender. El propio obispo afirmaba que Hardoy conocía sus limitaciones, las asumía con humor y nunca permitía que fueran un obstáculo para servir a los demás.
Fue en este contexto donde nació la leyenda popular del «Padre de la bicicleta». No le importaban las distancias ni las inclemencias del tiempo cuando un vecino requería un bautismo, un casamiento, la unción de los enfermos o simplemente contención espiritual. Recorrió durante años los caminos del monte misionero visitando capillas y familias aisladas. Su viejo Citroën 3CV era su compañero inseparable de misión. Monseñor Joaquín Piña recordaba con humor que, en una oportunidad, mientras el vehículo permanecía estacionado sobre la avenida San Martín de Eldorado, un transeúnte, con ánimo de broma, arrojó unas monedas por la ventanilla como si estuviera colaborando para su reparación. Cuando el automóvil quedaba fuera de servicio, el Padre Carlos simplemente tomaba su bicicleta y recorría decenas de kilómetros por los caminos de la zona para continuar visitando las comunidades más alejadas.
Su compromiso con la gente era tal que, en una ocasión, al recordar que debía celebrar un casamiento en Colonia Mado mientras se encontraba en Buenos Aires, emprendió de inmediato el viaje en su citroen y consiguió llegar apenas quince minutos antes de comenzar la ceremonia. Monseñor Piña solía relatar esta historia con humor porque reflejaba mejor que ninguna otra el empeño del Padre Carlos por cumplir siempre con la gente, aun cuando ello implicara verdaderas proezas personales.
Es que, para él, ese viaje apurado no era una excepción, sino su forma de vivir: con el alma alegre, los brazos abiertos y la palabra simple. El Padre Carlos comprendía que el Evangelio se anunciaba caminando junto a la gente, compartiendo sus alegrías y dolores en cada lugar donde lo llamaban.

Su pasaje a la inmortalidad: un hito de amor y salud pública
Toda esa forma de vivir el sacerdocio alcanzaría su expresión más plena en el último gesto de su vida. Monseñor Joaquín Piña resumió su ministerio con una expresión sencilla pero profundamente significativa: «Carlos Hardoy fue uno de esos que, en lugar de hablar de la caridad, la practicó». Para el obispo, no pocos encontraron en él «al padre y al amigo, siempre dispuesto a dar una mano», una descripción que sintetiza la huella que dejó en cada comunidad donde sirvió.
A los 58 años sufrió un cuadro clínico irreversible. El viernes 12 de julio de 1996 fue internado en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital SAMIC de Eldorado, donde permaneció bajo el cuidado permanente del equipo médico. Falleció el lunes 15 de julio y, ante la posibilidad de concretar una donación multiorgánica —hecho sin precedentes en la provincia— comenzaron las gestiones entre las autoridades sanitarias provinciales y el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI).
Desde mucho antes de su enfermedad, el Padre Carlos solía decir que, cuando él ya no estuviera, todo lo que pudiera servir para ayudar a otras personas debía ser entregado. Conociendo esa voluntad y el espíritu de entrega que había guiado toda su vida, sus familiares brindaron el consentimiento para la donación de sus órganos, convencidos de que aquella decisión representaba fielmente sus valores.
Es así como arribó al Aeropuerto Internacional de Puerto Iguazú el equipo del INCUCAI, que trabajó conjuntamente con profesionales del Hospital SAMIC de Eldorado para organizar un operativo de enorme complejidad técnica y logística, inédito hasta entonces en Misiones.
Finalmente, el martes 16 de julio de 1996, en horas de la mañana, comenzó en el Hospital SAMIC de Eldorado la primera ablación multiorgánica realizada en la provincia de Misiones, que posibilitó salvar vidas y devolver calidad de vida a seis personas.
Tras el operativo, sus restos fueron trasladados a la provincia de Buenos Aires, donde se celebró una misa de cuerpo presente antes de recibir sepultura en el cementerio jesuita del Colegio Máximo de San Miguel, el mismo lugar donde había sido ordenado sacerdote. Una parte de su corazón quedó para siempre en la tierra colorada, donde entregó los últimos años de su vida al servicio de los demás.
Su fallecimiento no marcó un final, sino el comienzo de un legado profundamente humano y sanitario. En reconocimiento a su gesto de amor y solidaridad, en 1998 la Cámara de Representantes de Misiones instituyó mediante la Ley VI N.º 73 el 16 de julio como Día Provincial del Donante de Órganos.
Su memoria también permanece viva en el sistema de salud misionero. En reconocimiento a su entrega, el 10 de agosto de 1996 el Hospital SAMIC de Iguazú impuso su nombre a la Sala de Obstetricia y, años más tarde, en julio de 2023, el Hospital SAMIC de Eldorado inauguró una placa en homenaje al Padre Carlos Hardoy y a todos los donantes de órganos y tejidos de la provincia, recordando el histórico primer operativo de ablación realizado en Misiones.
A tres décadas de aquel acontecimiento, la figura del «Padre de la bicicleta» continúa inspirando a generaciones de misioneros como el primer gran símbolo de la donación de órganos en la provincia. Su ejemplo demuestra que la solidaridad puede trascender incluso la propia muerte y convertir el dolor de una despedida en esperanza para muchas familias.
Nota sobre las fuentes y testimonios
Esta biografía fue elaborada a partir del entrecruzamiento de registros institucionales de la Compañía de Jesús, de los artículos periodísticos publicados en 1996 por el Diario El Territorio y de escritos de Monseñor Joaquín Piña.
También, a través de la recuperación de la memoria oral, construida a partir de los testimonios de sus familiares y de sus amigos de Buenos Aires y Misiones. A ello se sumaron los aportes de profesionales de la salud que participaron del histórico operativo en 1996. Estos relatos permitieron rescatar recuerdos, anécdotas, fotografías inéditas y aspectos de su personalidad que no habían quedado registrados en documentos escritos.
La presente edición amplía la investigación y recopilación histórica iniciada en julio de 2023. Agradezco la colaboración de Gladys Carrillo, perteneciente a la Parroquia Santos Mártires, quien me acompañó en el origen de este proyecto.

Carmen Oviedo
Profesora de Matemática e Informática | Área comunicación y docencia de CUCAIMis