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El programa “Activando voluntades” del IPLYC entregó donación a merendero de Candelaria

El merendero “Hora feliz”, de Candelaria, fue beneficiado con leche, azúcar, mantas para bebés, 50 conjuntos de ropa para niños, 20 conjuntos para adultos y lanas, que acercó el Programa del IPLyC SE, “Activando voluntades”. Los alimentos y ropas fueron entregadas por la responsable del Programa, Mabel Pezoa, a la voluntaria Teresa Águeda Álvarez (60), […]

📅 31 de julio de 2019 | 🕒 Lectura: 4 min
El programa “Activando voluntades” del IPLYC entregó donación a merendero de Candelaria

El merendero “Hora feliz”, de Candelaria, fue beneficiado con leche, azúcar, mantas para bebés, 50 conjuntos de ropa para niños, 20 conjuntos para adultos y lanas, que acercó el Programa del IPLyC SE, “Activando voluntades”.

Los alimentos y ropas fueron entregadas por la responsable del Programa, Mabel Pezoa, a la voluntaria Teresa Águeda Álvarez (60), residente en el barrio “Padre Mujica”, de la antigua Capital de Misiones.
Pezoa transmitió a los presentes los saludos del presidente del Instituto, Héctor Rojas Decut, y sostuvo que “elegimos a este merendero porque está trabajando en una zona carenciada y atiende regularmente a unos 70 niños en situación de pobreza”. El “Hora feliz” también está vinculado a las iglesias “lo que nos parece una garantía de que están haciendo un trabajo para generar valores. Nos pareció importante acompañarlos”. Contó que además de la entrega de las donaciones, “se armó un grupo de mamás que se animó a tejer y es por eso que trajimos madejas de lana. Una persona que acompaña a la institución las capacitará porque la idea es que puedan recibir, pero también que puedan dar a partir de lo que puedan aprender”.
Según Pezoa, “ellas harán una devolución. Lo que tejan será para sus hijos y para el hospital Neonatal de la provincia. La intención es generar ese ida y vuelta entre los que necesitan y los que quieren donar. Hoy nos acompañó Gabriela, que es una de las que colaboró con las donaciones. Quisimos que venga a entregar y a conocer el destino de lo que ella entregó”.
Manifestó que “estamos muy felices de empezar. Hoy es nuestra primera salida a campo, en un lugar que realmente necesitan. Trajimos cosas nuevas y usadas. Lo usado está perfectamente acondicionado (lavado, planchado, zurcido) por las voluntarias”.

Nació del corazón, Álvarez contó que la idea del merendero “nació de mi corazón. En la zona había uno cuando apenas se inició el barrio, hace siete años. Cuando quedó sin efecto, una mamá me sugirió que lo trasladara a mi casa y me hiciera cargo. Y así fue”.
Agregó que “siempre estoy golpeando puertas para conseguir la leche y la galleta, que me daba un panadero. Pero gracias a Dios siempre tengo alguna ayuda. Todos los merenderos se terminaron, pero sigo porque no me quedo, sigo golpeando puertas”.
Confió que son unos 80 chicos en total, pero los que siempre acuden rondan los 40. “Los atiendo a partir de las 17, los martes, jueves y sábados”, oportunidad que miembros de una iglesia evangélica imparten enseñanzas sobre la Biblia. Por lo general “vendo helados para los niños del colegio y utilizo ese dinero para prepararles sorpresitas”, dijo la mujer, que recibe ayuda de su esposo, Jorge Brítez, y su hija.
“Me siento feliz porque adoro a los chicos. Es un compromiso que tengo con los niños, siempre me gustaron. Era ama de casa hasta me ocupé del merendero. Para eso amplié el patio. Antes había una sola mesa, después me donaron otra más grande y bancos”, expresó Álvarez, agradecida por la donación, “por hacer realidad este hermoso sueño”.

Ganas de colaborar, Gabriela Núñez donó 30 kilogramos de ropa que recolectó entre los miembros de su familia para los vecinos de Candelaria que concurren al merendero de Doña Teresa. “Me encantó el programa y me quise integrar para ayudar a las personas que necesitan”, sostuvo la voluntaria, que es técnica superior en comercio internacional pero que trabaja de manera autónoma.
Contó que tiene tres chicos que cambian la ropa con frecuencia porque “les queda chica. Además, está la mía y la de mi esposo, que se juntan con la que mi hermana me manda desde Buenos Aires, de sus hijos y nietos”, agregó quien colaboró con la confección de unas 200 mantas de tela para bebés. “Lo hice en el tiempo que me queda, pegando moñitos y puntillas”, y en un mes logró terminar esa cantidad de piezas.