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Un misionero al pie del Monte Everest

12/06/17

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Jorge “Kike” Melgarejo realizó el “trekking” hasta la base del “techo del mundo”. La nevisca les impidió llegar a la cima, pero alcanzó a trepar hasta los 5.823 metros.

Es posadeño pero reside en Oberá hace seis años. Se llama Jorge “Kike” Melgarejo (41 años) y hace poco tiempo cumplió uno de sus sueños, integrar una expedición y escalar la cordillera del Himalaya (Asia), la más alta del mundo, en la cual se encuentra el famoso Monte Everest.

Melgarejo es un ávido conocedor y amante del “trekking” o excursionismo y su pasión lo llevó a recorrer varios terrenos montañosos del país y del mundo.

La caminata por los senderos ubicados en estos paisajes naturales, el “trekking” al campamento base del Everest y el intento de ascenso al Island Peak”, lo realizaron entre el 3 y el 20 de abril último. En la travesía estuvieron presentes también los argentinos Ricardo Birn, Andrés Pariz y Germán Braillard Poccard, en lo que denominaron una “Aventura al techo del mundo”.

PRIMERA EDICIÓN se contactó con el excursionista para conocer más en detalle lo que fue esa aventura que muchos sueñan y proyectan pero que pocos pueden concretarla.

Semejante desafío requiere una preparación adecuada y Melgarejo en eso siempre fue muy meticuloso, según explica, por lo que estaba mental y físicamente listo para afrontar esta experiencia. Sin embargo, quienes conocen este tipo de actividades saben que el clima a veces puede jugar una mala pasada y eso esta vez se cumplió, porque el misionero y su grupo no consiguieron alcanzar más altura cuando subieron al Island Peak.

“La nevisca no daba tregua, tornaba las condiciones de la montaña muy riesgosas ya que por el lugar donde transitábamos aún no había hielo como para usar crampones (unas herramientas como clavos de aluminio o acero que se colocan en las botas para la tracción) y la nieve que había caído hasta el momento apenas cubría las piedras. La pendiente se acentuaba y se volvía cada vez más resbaladiza por lo que se decidió dar por concluida nuestra aventura a los 5.823 Msnm”, recordó Melagrejo.

Con una mezcla de sensaciones remarcó que al no poder seguir subiendo, “esto quedó en la lista de pendientes”, dejando entrever que puede haber una segunda visita a futuro. No obstante, lograron subir a más de cinco mil metros sobre el nivel de mar, una altura en la cual “el cuerpo pesa más de lo normal”.

“Allá ité”
Melgarejo compartió además su crónica de llegada y estadía por los territorios donde “los picos tocan el cielo” y detalló que llegaron a la cordillera del Himalaya “luego de un largo viaje de veintisiete horas y más de diecisiete mil km recorridos, que incluyeron escalas en San Pablo (Brasil) y Doha (Qatar). Arribamos a Katmandú el lunes 3 de abril. La entrada al país y la visa nos costó unos 40 dólares. Allí fuimos recibidos con una ceremonia de bienvenida en la que repartieron collares hechos de flores dando la bienvenida a Nepal para luego emprender los primeros pasos en nuestro objetivo: el intento de subir al Island Peak a 6.180 metros sobre el nivel del mar en plena cordillera del Himalaya”.

Una actividad como “trekking” requiere un nivel de preparación física, habilidad y guías adiestrados en el terreno. En esta ocasión los argentinos contaron con algunos “sherpas climbers” (lugareños de la región montañosa de Nepal) además durante todo el viaje fueron acompañados por el reconocido montañista Mariano Galván -argentino- quien estuvo junto al grupo en la subida al Island Peak.

Melgarejo comentó que en el camino de su travesía se encontró con Ueli Steck, un experto escalador suizo con el que compartió una selfie que tiene un gran valor histórico, “ya que probablemente sea de las últimas que se haya sacado en vida, porque fue una semana antes de su accidente, murió bajando del Nupts” recordó.

Al límite
Los peligros son moneda corriente para quienes practican este deporte, así lo explicó Melgarejo: “En el montañismo el riesgo siempre está presente, con el tiempo y la experiencia adquirida en cada salida vas aprendiendo a interpretar las señales que te da la montaña, el clima o hasta tu propio cuerpo, para minimizar el riesgo. Cuando haces alta montaña el riesgo es aún mayor debido a la altura, que te puede acarrear algunos problemas físicos, como el famoso mal de altura, que en casos extremos es mortal. Recuerdo que en mi primera incursión al Volcán Llullaillaco (Cordillera de los Andes) tuve que bajarme de la expedición por problemas relacionados con la altura, la pasé bastante mal con desorientación y vómitos que son signos de principio de edema cerebral”.

Más que un deporte algunos consideran esta práctica como un estilo de vida, “un camino sin retorno”. Al indagar sobre los motivos que lo acercaron a Melgarejo a los senderos formados por la naturaleza, éste rememoró que “en unas vacaciones en San Martín de los Andes, allá por el año 2007 cuando vi el volcán Lanín quedé impactado y averigüé si se podía subir, cuando me dijeron que sí y que no era difícil me preparé y al año siguiente volví, lo subí pudiendo hacer cumbre felizmente”.

Ese fue el primer contacto del misionero con la actividad pero no el último debido a que anduvo por varios lugares la cordillera, “desde Neuquén hasta Jujuy, pero sin dudas la montaña que más atesoro es el Volcán Llullaillaco en Salta, tal vez por su historia (allí se encontraron tres momias Incas) o tal vez porque me hizo ir dos veces hasta dejarme pisar su cumbre”.

Melgarejo recordó que “la región del Himalaya está ubicada en el continente asiático y se extiende a lo largo de varios países, como Bután, Nepal, China y la India. En ella se encuentra la cima más alta del mundo, a más de ocho mil metros de altura, la del Monte Everest. Una experiencia única y que me permite seguir soñando con volver y subir a lo más alto”.

Fuente: Primera Edición
Foto: Jorge “Kike” Melgarejo

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